• Sexualidad y Salud

ERRADICAR LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER (PARTE III)



Son tiempos díficiles para la violencia, tiempos para buscar soluciones, tiempos para pensar, reflexionar y crecer. Tras los dos primeros artículos (VER 1º, VER 2º), sobre cómo erradicar la violencia de la mujer, les dejamos a continuación la parte final de esta serie de artículos.


La familia como referencia


Hay pilares básicos como la familia y el colegio que son más influyentes que el ambiente en diferentes etapas evolutivas. Si observamos, escuchamos, atendemos, supervisamos el acceso, acompañamos en la navegación, etc., les enseñaremos a hacer crítica, a poner límites, a decir no, a rechazar la violencia, a saber diferenciar un detalle de cariño de una manipulación, un intento de conquista amorosa de un acoso repetido, a destruir los prejuicios de género, a entender las diferencias varón-mujer sin detrimento de la igualdad varón-mujer como personas y en sus derechos.


La familia es la base de seguridad para niños y adolescentes. Valores y virtudes como respeto, asertividad, autonomía y responsabilidad dependen de la educación recibida en el entorno familiar. Las actitudes y valores que han visto las niñas y adolescentes en sus padres son ejemplo y modelado en su forma de pensar, sentir y actuar con los demás. Si quieres que ellas cambien, cambia tú primero.


Podemos observar que, en los contenidos de música, series, anuncios o videojuegos, se limita a la mujer a unas posiciones sociales determinadas, se les asigna conductas sociales específicas o se señala su atractivo y poder exclusivamente en el uso de un cuerpo que cumple unos estereotipos de belleza.


Niños y niñas han de ver y tener la responsabilidad de tareas y labores diarias en casa en igualdad. Han de poder decir no y ser respetadas. Han de ser capacitadas desde pequeñas para poder ser pilotos, maestras, abogadas, amas de casa, o lo que quieran, sin que se les pre-asigne un papel determinado y obligatorio.


Es necesario que sepan que pueden elegir desde pequeñas, que tienen los mismos derechos que los niños, que se les va a educar y a exigir para que consigan lo que se propongan. Eso implicará el reparto de tareas igualitarias y equitativas en casa practicadas por los propios progenitores, el respeto mutuo entre la pareja y hacia los hijos independientemente del sexo.


Noviazgos de adolescentes


En una encuesta realizada en España en el 2015, más del 60% de los adolescentes de ambos sexos, consideraban que el chico debía proteger a la chica; y al 32% le parecía normal tener celos.


De vital importancia es la educación en igualdad en las relaciones afectivas. El amor es querer bien. Revisar redes sociales, controlar horarios y lugares, juzgar la forma de vestir son formas de violencia presentes en la adolescencia. Los celos no son muestras de amor, sí de violencia.


Padres, educadores, entrenadores, médicos, profesionales en contacto con niñas y adolescentes: es necesario romper y luchar contra los mitos del amor romántico. Cenicienta ya no espera al príncipe. Crepúsculo y Grey y sus sombras son solo algunos ejemplos de atracción romántica convertida en una relación tóxica.


La sociedad de los próximos años se está educando hoy. Las niñas y adolescentes merecen esfuerzo y avances en los modelos sociales. No merecen tener un techo por su biología. La prevención de la violencia psicológica, física y verbal se gesta mediante la educación. La dignidad, los derechos, el poder o las responsabilidades han de ser igualitarias. Desde niñas a adolescentes. Desde adolescentes a mujeres. Ser mujer, no tiene nada que ver con imitar al hombre o luchar contra él. Hay actitudes en las relaciones de noviazgo actuales que algunos consideran normales y que no son sanas.


Acciones que no son normales en una relación.

- Revisar el móvil.

- Insultar.

- Decirle dónde o con quien puede o no puede ir.

- Decirle cómo debe ir vestida.

- Controlar lo que hace o dónde está.

- Difundir imágenes suyas sin su permiso.

- Obligarle a hacer cosas que no quiere.

- Insistir o exigir tener relaciones sexuales.

- Pegarle.

- Decirle que si le deja le (o se) hará daño.

- Decirle que no vale.

- Despreciarle.

- Hacerle sentir miedo.

- Romper algún objeto suyo.

- Grabarle o hacerle fotos sin permiso.


Qué hacer si alguien está sufriendo esta violencia


Cuando se trabaja en una parroquia, colegio, asociación, labor social o tareas similares, es relativamente fácil que alguien acuda a nosotros -o que nosotros lo sospechemos- por estar recibiendo agresiones.


Recuerda que lo más frecuente es que la violencia sea ejercida por alguien cercano: pareja, padre, hermano, otro familiar cercano, cuidador, entrenador, profesor, amigo, catequista. Lo más frecuente es que sea intrafamiliar.


Si alguien te cuenta que está recibiendo maltrato de cualquier tipo, tú puedes ayudar. Aquí tienes algunas ideas que pueden servir para enmarcar la ayuda.


1.- Apoyo inmediato. Lo primero es apoyarle, no cuestionarse la veracidad de su relato, su vivencia o sus sentimientos. A ti no te corresponde juzgar, ya juzgará el juez. Tienes la oportunidad de dar y ser soporte, ayudar y validar las emociones. Apoyar es ya una ayuda importante y esencial para hacerse consciente del problema, no minimizarlo y poder intervenir cuanto antes.


2.- No entrometerse. A la vez que apoyas es muy necesario mantener los límites en la relación con esa persona, dejarle el tiempo necesario para tomar decisiones mientras se deja aconsejar, y respetar las decisiones que tome. Escucha sin presionar para que responda o revele información.


Puede que te haya contado solo una parte de lo que está ocurriendo y no tengas todos los datos. Tú no tienes que decidir nada por ella, a no ser que te lo pida explícitamente o que haya personas en grave riesgo.


3.- Escucha lo que quieran decirte. No es necesario que tú conozcas todos los detalles del relato, ya los escucharán los profesionales correspondientes. Sí será bueno que escuches cómo se siente, cómo lo ha vivido, cómo se encuentra. Ofrécele consuelo y ayuda a aliviar o reducir su ansiedad.


4.- Facilítale datos concretos de servicios a los que puede acudir e información sobre recursos y apoyos sociales: 016, juzgado de guardia, médicos especializados, albergues, casas de acogida, etc. Si lo desea, puedes acompañarle para facilitarle los trámites y para ayudarle. No hagas lo que corresponde al profesional de la salud.


5.- Valora si está en riesgo, ella u otras personas, de ser agredidas de forma violenta o de ser abusadas. Habrá casos en los que sea necesario intervenir de forma urgente para evitar daños que tienen alta probabilidad de ocurrir, con mucha más necesidad si son menores de edad.


Será necesario hacer denuncias de urgencia a la vez que se buscan los medios suficientes para que las personas estén seguras y el intento de ayuda no se convierta en un promotor de situaciones más violentas todavía.


Prima la seguridad y no causar más daños, para eso valora bien el equilibrio riesgos-beneficios de cada paso que se va a dar.


6.- Confidencialidad. Asegúrale que vas a ser discreto, que si lo comentas con alguien se lo dirás, y que serás prudente en el uso de la información, para que la persona esté protegida y para no desbaratar los planes que tenga.


7.- Procura que la relación sea de apoyo, de colaboración, de promoción de autonomía de la mujer. Aunque necesite ayuda, no la anules ni repitas el patrón de hacerla sentir poco capaz. Intenta que tome ella las decisiones, que se haga protagonista de su recuperación.


8.- Si le vas a acompañar en el proceso de solución de la situación, intentad diseñar un plan eficaz, con metas y expectativas realistas a corto plazo, con esperanza de libertad a largo a plazo.


9.- Seguimiento. Sigue preguntando a la persona por lo que te contó, para que tenga oportunidad de seguir avanzando. Que se sienta atendida de verdad. No es agradable y podemos tender a ignorar o abandonar de forma inconsciente.


10.- Presta especial atención a personas con discapacidad o pocos medios económicos, que puedan estar siendo agredidas. También se da en clases sociales altas, con medios económicos suficientes y con formación, no lo descartes por estos motivos.


11.- Pregunta en ausencia del agresor. Si atiendes a parejas y sospechas que hay violencia, dale la oportunidad de poder contarlo a solas, quizá con otra persona que te acompañe y sirva de testigo, con el fin de que pueda hablar sin sufrir malas consecuencias.


Puede servirte tener información impresa disponible para que la persona lea qué puede hacer, dónde acudir, qué es lo que le está ocurriendo, etc., y así se sienta más identificada y se capacite para dar los pasos necesarios para frenar el daño.


Para aquellas personas que son creyentes, acudir a la parroquia, la confesión sacramental, la conversación con un catequista o con un encargado de pastoral de la salud o cualquier otro miembro de la comunidad parroquial puede ser un primer paso donde esa mujer pueda pedir ayuda.


Algunos signos que pueden indicarnos que alguien está sufriendo violencia sexual son: modos bruscos o temerosos en la relación con la pareja, estilo evitativo o agresivo en la relación, problemas salud mental, problemas relativos a conducta sexual, problemas de salud recurrentes con explicaciones vagas, niños que cuentan lo que ocurre en casa, embarazos no buscados, infecciones de transmisión sexual.


En los casos evidentes será adecuado recomendarle ir a un profesional de la salud para hacer un parte de lesiones, recoger pruebas forenses y poder ejercer la denuncia con mayor peso. Hay que valorar que la denuncia vaya a repercutir en beneficio de del denunciado.


Si nos pide ayuda un agresor


Si el que acude a pedir ayuda es el agresor, al tener nosotros conocimiento de esos hechos, tenemos la oportunidad de actuar para facilitar la protección de quienes estén en riesgo; ofrecer ayuda en ese sentido o actuar mediante denuncia inmediata e intervención de las fuerzas de seguridad si fuera la vía necesaria para evitar agresiones.


Es conveniente que consideremos que, además de cumplir con las leyes de cada país, también es persona, que tiene derecho a corregirse, sanar el daño infligido, pedir perdón, reeducarse y rehabilitarse, sin olvidar que su reincidencia causara daños gravísimos, hay que protegerse y protegerle de esa situación.


Si los hechos de los que es responsable así lo exigen, hemos de indicarle que debe acudir a autoinculparse. Según lo que haya hecho debe hacerlo de forma inmediata u organizarse para acudir de forma planificada con un abogado.


Algunos mitos en torno a la violencia se enuncian como: “es tan celoso porque me quiere”, “perdió los nervios porque tiene mucha responsabilidad”, “si soy buena esposa/pareja él cambiará”, “no fue para tanto”, “esto le pasa a todo el mundo”, “se le fue la mano porque estaba nervioso”. Estas creencias son falsas y pueden confundir a la mujer, quien no es culpable de la violencia, ya que no hay ninguna razón que la justifique.


En el trato con parejas, podemos detectar algunos signos de alarma y podemos hacer conscientes de los mismos a las mujeres que atendamos.


Signos y señales del agresor en el trato con la mujer


- Ignora o desprecia los sentimientos de la mujer con frecuencia.

- Ridiculiza, insulta o desprecia a las mujeres en general.

- Humilla, grita o insulta en privado o en público a la mujer.

- Amenaza con hacer daño a la mujer o a su familia.

- Ya le ha agredido alguna vez físicamente.

- Le aísla de familiares y/o amistades.

- Le ha forzado a mantener relaciones sexuales en contra de su voluntad.

- Le controla el dinero y toma las decisiones por ella.

- No le permite trabajar.

- Amenaza con quitarle a los hijos en caso de dejar la relación.

- Controla su manera de vestir.

- Le cuesta expresar sus opiniones libremente por miedo a la reacción de él.

- Él revisa su teléfono móvil y las redes sociales.

- Ella se siente inferior o menos que él por su actitud.

- Muestra celos por ella frecuentemente.

- Ella deja de salir con su círculo de amistades porque a él “no le caen bien”.


Formar a los formadores

Puede ser de mucha ayuda e interés disponer de programas de formación en prevención y actuación en casos de violencia contra la mujer en todas aquellas instituciones donde se atienden a personas: diócesis, parroquias, colegios, labores sociales, ONG, asociaciones juveniles, etc.


Se procurará que dispongan de habilidades para la identificación, evaluación y planificación de la seguridad, aptitudes para la comunicación y para la atención, documentación y derivación de las personas a profesionales especializados.


También puede ser de mucha ayuda organizar grupos pastorales específicos para mujeres que han sufrido violencia. Será beneficioso que sean “grupos de paso” para que las personas puedan capacitarse, ser protagonistas de sus vidas, desarrollarse personalmente y ser autónomas, con mente abierta y pensamiento propio.


Reeducar y cambiar los patrones

De acuerdo con lo que explica la OMS, se ha estudiado que los hombres que tienen un nivel de instrucción bajo, que han sido objeto de malos tratos durante la infancia, han estado expuestos a escenas de violencia doméstica contra sus madres y al uso nocivo de alcohol, han vivido en entornos donde se aceptaba la violencia y había normas diferentes para cada sexo, creen que tienen derechos sobre las mujeres y son más proclives a cometer actos violentos.


A la vez, las mujeres que tienen un nivel de instrucción bajo, que han estado expuestas a actos de violencia de pareja contra sus madres, han sido objeto de malos tratos durante la infancia, han vivido en entornos en los que se aceptaba la violencia, los privilegios masculinos y la condición de subordinación de la mujer, corren un mayor riesgo de ser víctimas de la violencia de pareja.


Es necesaria la reeducación sexual para poder visualizar, acortar, reducir y anular las agresiones sexuales en todos los ámbitos y situaciones, originadas por la violencia machista y basadas en la errónea creencia de la superioridad del hombre sobre la mujer, que tantas veces la sociedad fomenta o calla y por lo tanto otorga.

Es necesario también no responder a la violencia con violencia, sino empleando los medios legales necesarios y suficientes para proteger y sanar a las agredidas y perseguir y reeducar a los agresores.


Webs de interés

- http://www.violenciagenero.msssi.gob.esInformación sobre la violencia contra la mujer.

- https://wrap.seigualdad.gob.esRecursos disponibles de apoyo y prevención en casos de violencia de género. Se pueden hacer búsquedas según zona geográfica.

- www.malostratos.orgOrganización de ayuda a la mujer maltratada.


Escrito por:


Carlos Chiclana, Médico-Psiquiatra. PhD.

Inés Bárcenas, Psicóloga. Counselling.

María Martín. Psicóloga Infanto-Juvenil. PhD.





Referencias bibliográficas

- Krahé B. Violence against women. Curr Opin Psychol. 2018 Feb; 19:6-10. Artículo académico de revisión.

- Hyden M. Men’s violence against women. Forte. 2016. Revisión del tema con propuestas de actuación e investigación.

- Organización Mundial de la Salud. Respuesta a la violencia de pareja y a la violencia sexual contra las mujeres. Directrices de la OMS para la práctica clínica y las políticas. OMS, 2014. Dirigido a profesionales de la salud, pero accessible en su contenido y entendimiento al gran público.

- Chiclana C., Calvo M., Monge P., Del Corral E., Coloma S. & Sánchez E. Decision tree for action against sexual abuse in women with intelectual disability. 4thWorld Congress on Women’s Mental Health. International Association for Women ́s Mental Health. Madrid, España. Marzo 2011. Propuesta de intervención clínica desarrollada en España.

- Varela, N. (2014). Feminismo para principiantes. Ediciones B. Texto divulgativo accesible a personas con formación, criterio desarrollado y capacidad de discusión.

- Colodrón, A. (2010). Quiéreme libre, déjame ser. Lo masculino, lo femenino y la pareja. Texto divulgativo accesible a personas con formación, criterio desarrollado y capacidad de discusión.

- Haug, F. (1987). Female sexualization: A collective work of memory (Vol. 25). Verso. Texto divulgativo accesible a personas con formación, criterio desarrollado y capacidad de discusión.

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