• Sexualidad y Salud

ERRADICAR LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER (PARTE 1)



A pesar de todas las campañas de prevención, la violencia de género sigue siendo una de las malas hierbas de nuestra sociedad, este artículo pretende ser la primera parte de una serie que pueda ayudar a dar visibilidad a lo que está ocurriendo y que planteará algunas posible soluciones...



Una ya es demasiado


800 millones de mujeres en todo el mundo sufren violencia sobre ellas por el hecho de ser mujeres. La mayoría de las agresiones se fundamenta en la errónea creencia de la superioridad del hombre sobre la mujer, que tantas veces la sociedad fomenta o calla, y por lo tanto otorga su beneplácito.


La violencia de género, fundamentada en diversas atribuciones sociales según la cultura, en todos sus aspectos físicos y psicológicos, es un problema gravísimo que exige intervención firme y constante en la educación en la igualdad, en la diversidad y en el respeto.


La agresión contra una sola mujer, por el hecho de ser mujer, ya sería inconcebible. La realidad es que millones de mujeres viven con miedo.


Tipos de violencia de género

Existen diferentes tipos de violencia, que vale la pena distinguir porque exigen diferentes intervenciones. Según la OMS serían contra la mujer, de pareja y sexual:


Violencia contra la mujer: todo acto de violencia de género que cause o tenga probabilidades de causar daño o sufrimiento físico, sexual o mental a la mujer; incluye las amenazas de tales actos, la coacción y la privación arbitraria de la libertad, en público o en la vida privada. Incluye muchas formas diferentes de violencia contra mujeres y niñas, como la violencia de pareja, la violencia sexual por alguien distinto de la pareja, el tráfico de personas y las prácticas perjudiciales como la mutilación genital femenina.


Violencia de pareja: comportamiento de un compañero íntimo que causa daño físico, sexual o psicológico, incluidos actos de agresión física, coerción sexual, maltrato psicológico y control. Esta definición abarca la violencia infligida por un cónyuge actual o anterior, o por otro compañero íntimo. Otras expresiones utilizadas para referirse a esta situación son las siguientes: violencia doméstica, maltrato de la esposa o cónyuge, “violencia en citas” se utiliza generalmente para referirse a violencia en relaciones íntimas entre jóvenes, que pueden ser de duración e intensidad variables y no implican cohabitación.


Violencia sexual: es todo acto sexual, intento de llevar a cabo un acto sexual, comentario indeseado de contenido sexual o avance de esta índole, acto de tráfico, o dirigido de otro modo contra la sexualidad de una persona mediante coacción por cualquier otra persona, independientemente de su relación con la víctima, en cualquier entorno, incluidos el hogar y el trabajo, aunque sin limitarse a ellos.


-Otros tipos de maltrato


Parece que la palabra violencia implica que haya un daño físico que te lleve a urgencias, pero no es así. Hay muchas maneras de tratar mal a las personas y cuando esto se ejerce por el hecho de ser mujer y con el desprecio que implica, podría considerarse violencia de género. Lo mismo sucedería en el caso inverso, si la mujer tratara mal al hombre solo por el hecho de serlo.


La neuropsicóloga Sonia Mestre describe diversos tipos de maltrato en las relaciones de pareja, que pueden darse tanto sobre mujeres como sobre varones:


1.- Degradación. Consiste en reducir el valor de la persona. Llega a crear una dependencia hacia la persona que lo hace y puede llegar a considerarse merecedor de ese maltrato. Algunos ejemplos son: Eres tonto, ni siquiera sirves para...


2. - Cosificación. Es convertir a la otra persona en un objeto, carente de deseos, necesidades o elecciones. Dificulta el desarrollo personal de la persona que es maltratada, llegando en algunos casos a destruir su identidad. Un ejemplo es que ya no sabe qué le gusta hacer, ni comer, es supervisada en lo que come, en lo que hace.


3.- Intimidación. Causar miedo o temor. Puede provocarle ansiedad el encontrarse todo el tiempo alerta, pendiente de lo que pueda pasar o lo que pueda hacer la otra persona. Son habituales las amenazas: “¡vete de casa!”; “me voy a marchar con tus hijos y te vas a quedar sola”; “como sigas llegando tarde un día me vas a encontrar muerta”.


4.- Sobrecarga de responsabilidades. Exigir al otro que se haga cargo de forma total, de las responsabilidades o de los problemas. Puede llegar a dañar su propia vida, no dejando espacio para su ocio, su salud, su descanso. Algunos ejemplos de ello son: “¿no pensarás ir al gimnasio? Tienes que quedarte en casa por si acaso”; “no puedo entender que no supieses que quería comprar hoy carne, no eres capaz ni de encargarte de eso”.


5.- Privación. Consiste en limitar o reducir la posibilidad de satisfacer las necesidades sociales, personales y laborales de la persona maltratada. Tiende a separarse de todos sus amigos, no quiere buscar ayuda ni apoyo. Frases que podemos escuchar: “No vayas con esos de la oficina que sólo te traen problemas”; “has llamado a tu hermana, ¿por qué? ¿para qué? ¿qué le has contado?”.


6.- Distorsión de la realidad subjetiva. Consiste en transformar la percepción del otro. A la persona se le crea una sensación de confusión, de duda constante. Se encuentra cuando la pareja apela a la superioridad de su lógica o su razón, cuando miente sobre lo evidente o le engaña y le hace ver que está confundido, cuando a una cosa pequeña le pone la mayor importancia para hacerle sentir culpable. “Estás loco”; “es que ves solo lo que quieres”; “ese gasto lo habrás hecho tú, pero como la cabeza no te funciona”; “has cambiado los cuchillos de sitio y podíamos habernos quedado sin comer el día entero, ¿cómo es posible?”.


7.- Estrategias defensivas. Es trasladar la responsabilidad de la violencia a la propia víctima. La persona se siente culpable y responsable de la violencia que sufre. “Ves, esto es lo que te mereces, yo no tengo la culpa, si no hubieses dicho esto, no estarías así ahora”; “si no me provocaras no tendríamos problemas, la próxima vez contrólate y todo irá bien”.


8.- Violencia física. Es una agresión contra el otro, no tienen que causar lesiones graves. Ejemplos son bofetadas, empujones, arañazos, golpes, tirarle un objeto. Aquí se incluiría también la violencia sexual.


¿Se da más ahora que antes?


Afortunadamente vivimos un momento social que conciencia y hace visible la violencia sexual hacia la mujer. Este fenómeno, que constituye un serio problema para la salud pública y que tiene un profundo impacto en la salud mental y física de las mujeres, y de otras muchas personas, ocupa la primera plana de los debates sociales y políticos en los últimos años.

Las estimaciones mundiales publicadas por la OMS indican que alrededor de una de cada tres (35%) mujeres en el mundo han sufrido violencia física y/o sexual de pareja o violencia sexual por terceros en algún momento de su vida.

Casi un tercio (30%) de las mujeres que han tenido una relación de pareja refieren haber sufrido alguna forma de violencia física y/o sexual por parte de su pareja. El 38% de los asesinatos de mujeres en el mundo son cometidos por su pareja masculina.

En nuestro país estamos viviendo numerosas reivindicaciones y debates públicos, suscitados por diferentes casos, donde miles de hombres y mujeres pedían un sistema judicial mejor preparado para atender estas situaciones.

La relevancia de estas reivindicaciones, hoy virales en las redes, reside en la intención de dar voz a una realidad que afecta a millones de mujeres en todo el mundo desde hace miles de años. Un fenómeno, en muchos casos silenciado por la reticencia de las propias víctimas a denunciar, bien por miedo, vergüenza, sentimientos de culpa ante la situación, o anticipación de que no recibirán el apoyo o credibilidad necesarias.

Atravesamos así, un momento de concienciación acerca del sufrimiento que desencadena la violencia sexual, abriendo importantes debates acerca de los límites del consentimiento y del poder que ejercen algunos hombres sobre algunas mujeres.

Sociólogos y psicólogos advierten de que no existe un perfil característico que designe a las personas sexualmente violentas, y que únicamente un porcentaje minoritario presenta una patología mental. Los agresores pueden proceder de diversos orígenes socioeconómicos, y pueden ser alguien conocido por la víctima como un amigo, un miembro de la familia, una pareja íntima o un completo extraño.

Hay cuatro niveles en los que se puede actuar para entender las causas, para prevenir el maltrato y para intervenir explícitamente cuando ya ha ocurrido: dos “micro-niveles” como son el individual y el de relación en la pareja; y dos “macro-niveles”, el del grupo o comunidad a la que se pertenezca, y el socio ambiental más amplio y extenso.



Escrito por:


Carlos Chiclana, Médico-Psiquiatra. PhD.

Inés Bárcenas, Psicóloga. Counselling.

María Martín. Psicóloga infanto-juvenil

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