• Sexualidad y Salud

Recuperando la "Sex(n)sibilidad"



Préndelo, bótalo, puta

Mira como el Keo lo disfruta

Ponte a cuatro, bájalo y chupa

No en la boca, dámelo en la nuca.



Es difícil creer que haya alguien a quien no le resulten desagradable estos "versos" de una conocida canción de trap del cantante Kidd Keo. Si bien es cierto que no todas las canciones de trap o reggaetón son tan explícitas y desagradables; la gran mayoría de música de estos géneros se caracteriza por hablar, de forma más o menos explícita de forma denigrante y humillante sobre el ser humano, en concreto de las mujeres.


Nos estamos acostumbrando a ver, leer y oír cosas con contenidos pornográficos. Es díficil percibir el impacto de estos mensajes, por tanto solemos infravalorarlo y normalizarlo. Especialmente, entre el mundo adolescente, donde su capacidad para recibir es mucho mayor que la de discernir. Es la moda; lo que se lleva, lo que se ve, lo que se oye…


Esta influencia puede afectar directamente a la percepción que tenemos de cuestiones tan importantes como las dinámicas de una relación afectiva, cómo funciona una relación sexual y qué significa tenerla, cómo se debe tratar a una mujer, qué tipo de información doy con el lenguaje de mi cuerpo, etc.


Se han realizado muchos estudios sobre los efectos de la pornografía: efectos neurológicos, efectos sobre la conducta sexual y sobre la forma de entender la sexualidad. Estos estudios reflejan altos porcentajes en el consumo habitual de pornografía, sobre todo en adolescentes:


● La edad de inicio de consumo de la pornografía está en los 8 años.

● Uno de cada tres niños entre 10 y 14 años visitan estas páginas con alguna frecuencia.

● La forma de mirar a la pareja sexualmente pueden verse alterada por la pornografía.

● 81% de los niños de entre 13 y 18 años afirma haber observado pornografía como conducta normal.

● El 96% de los hombres y 63% de las mujeres afirman haber sido expuestos o haber consumido pornografía durante la niñez.


Sin embargo, son mayores las cifras de gente que de forma habitual no consume pornografía. Y es, especialmente a este público, a quien va dirigida esta entrada. ¿Cómo nos afectan todos los inputs visuales, auditivos, cognitivos, que sin apenas darnos cuenta, recibimos constantemente cada día? “No hace falta buscar pornografía, navegas por internet y te encuentras con ella”



¿Nos estamos desensibilizando ante lo que nos muestra el mundo?


Nos levantamos por la mañana y lo primero que hacemos es coger el móvil. Abrimos una noticia sobre las próximas elecciones en España y debajo nos aparecen sugerencias como ésta: “España, el país que más se masturba de Europa”. Salimos de trabajar, y de camino al coche pasamos al lado de una parada de autobús cuyo cartel publicitario muestra a una chica joven en ropa interior. Nos montamos en el coche y encendemos la radio. Suena “Reggaetón lento”, de Daddy Yankee. Nos anima el viaje. Y en vez de tratar de entender la letra, simplemente me dejo llevar: "¿Por qué no te atreves y lo hacemos ahora? No te pongas tímida. Estamos tú y yo a solas". Llegamos a casa, y después de comer nos ponemos Juego de Tronos, la serie que está triunfando. En una hora, la duración media de cada capítulo, nos encontramos con 5 o 6 escenas de contenido sexual más o menos explícito. ¿Puede esta rutina diaria afectarnos de alguna manera? ¿Cómo aprende el adolescente de todo este contenido? ¿Es posible que se deteriore nuestra sensibilidad al recibir tantos inputs sexuales? ¿Cómo vive realmente la sexualidad una adolescente?


Pongamos un ejemplo, Taller de Sexualidad en un Instituo público de Madrid, 16.00 de la tarde. Sara, de 16 años, responde lo siguiente a la pregunta ¿Qué es para ti la sexualidad?: “Un pene y una vagina”, Albert, de 20 años: “Follar mucho”, Stella, de 19 años: “Una manera de expresar el amor”, etc. Estas son algunas de las respuestas más comunes entre los adolescentes de hoy en día.


¿Puede ser que algunos adolescentes estén más sesgados que otros? ¿Que hayan recibido más educación afectivo-sexual? y ¿Eso les haga ser más críticos y vivir una sexualidad más sana? Habrá que preguntarles a ellos, pero al menos eso es lo que parece demostrarse en estos tres pequeños ejemplos.



Y, ¿Qué se puede hacer para sobrevivir a esta ola de “pornografía implícita”?


Llegado este punto, puede resultar interesante plantearse qué pensamos sobre la sexualidad. Si tenemos una idea fundada o si sencillamente nos dejamos llevar por lo que la sociedad nos transmite a través de la publicidad, la literatura, el cine o el ocio.


Hay muchas formas de hacerlo. ¿La principal? Querer cambiar. A continuación se ofrecen algunos consejos para surfear la ola de la pornografía en vez de verte arrastrado por ella.


CONOCE. Puede ayudarte el tener claro qué tipo de páginas web, cuentas de instagram, series, películas, revistas o libros consumes habitualmente, y cuáles son los contenidos que ofrecen. Sabes lo que te vas a encontrar. Sin embargo, es inevitable que de vez en cuando nos lleguen inputs, habitualmente, en forma de publicidad o que simplemente no tengamos toda la información acerca de lo que consumimos. Entonces…


CAMBIA. Actúa. No esperes hasta haberte acostumbrado para cambiar de programa de televisión, de cadena de radio, de revista, de página de Facebook, etc. Si eres consciente de que hay cierta información que te perjudica, no dudes en dejarla de lado. Lo que importa es tu salud. Y aún así, muchas veces nos llegarán estímulos que no somos capaces de controlar, bien por la situación, por nuestro estado de ánimo o porque simplemente seguimos la recomendación de un amigo. Entonces…


CONSIDERA. Reflexiona sobre la información que te llega, sobre lo que percibes. Piensa si lo que ves, oyes o lees es bueno, sano, si te muestra la realidad como es o la desfigura buscando intereses particulares. Si te enseña a vivir una sexualidad real y responsable. Que la pasividad no te lleve a conformarte con lo que otros piensan y quieren que pienses. No te quedes indiferente, sé activo...


CREA. No se trata de convertirse en un profesional de la sexualidad que investiga y realiza publicaciones de rigor científico sobre el tema. Pero sí que por medio de las redes sociales, principalmente, dependiendo de nuestros intereses y del contenido que creemos, se puede dejar entrever una sexualidad sana, bien vivida. De esta manera resulta más sencillo entrar en círculos de información que no estén contaminados por contenidos hipersexualizados. Ayuda a los demás a reflexionar sobre las consecuencias menos visibles de la pornografia y de la hipersexulización del ser humano.


¿Pornografía o Sexualidad Sana? ¿Conexión o Desconexión? ¿Sensibilidad o Insensibilidad?


Ojalá que después de éste artículo, seas un poquito más libre, para tomar decisiones, para valorar la belleza de la sexualidad y de las personas que habitan este mundo.


Abel Gordejuela Arrieta

Estudiante de Psicologia

Grupo de Trabajo e Investigación Sexualidad

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